Les Contamos

Un imperativo estratégico de hoy: La adaptabilidad organizacional

Gestión estratégica para la sostenibilidad del mundo

En el contexto organizacional y social, hay algunos fenómenos en los cuales me parece central poner atención:

«El 65% de los empleos que ocuparán nuestros niños aún no se ha ‘inventado'» (por Frey y Osborne, U. de Oxford, 2013).

«Hoy Generamos en dos días la información que la humanidad construyó hasta el 2003!» (Ex CEO de Google).

«Hoy conviven cuatro generaciones en una empresa: Los ‘Baby Boomers’, los ‘X’, los ‘Millennials’ y los más jóvenes, los ‘Z'».

Concentración económica en los grandes actores por industria y aumento del emprendimiento («en Chile desde un 10,1% en 1970 a 24,2% en 2016 Global Entrepreneurship Monitor (GEM) Chile))».

El análisis de Impacto Medio Ambiental y los movimientos sociales son una nueva variable estratégica clave y un mundo que cuidar. (Minera Dominga, Marea Roja en el sur o central Termoeléctrica Barrancones).

Y así podríamos continuar mencionando grandes tendencias migratorias y de concentración de la población en sectores urbanos, variaciones en el comportamiento humano (menos matrimonios, más separaciones, por ejemplo) y culturas globalizadas cada vez más diversas, con límites más difusos; mezclas de poder económico y político que ponen en el centro de nuestro hacer la ética y los valores como un factor clave de construcción social consciente… entre otros.

Ahora bien, ante estos fenómenos, ¿Qué preguntas nos surgen?, ¿A qué nos invita como actores protagonistas de una sociedad o de nuestras organizaciones?… hace unos días, acompañando a un equipo ejecutivo en un taller de diseño estratégico, mirábamos el fenómeno compartido del aumento de la velocidad del cambio, más allá de ser un lugar común y quizás muy manoseado a estas alturas, y la pregunta que nos hacíamos es: ¿Qué necesitamos los seres humanos si esto está ocurriendo? Y nuestra respuesta fue Adaptabilidad.

Me dedico a acompañar a equipos y organizaciones desde hace más de 12 años, y creo que esta palabra puede enmarcar muchos de los desafíos actuales en un colectivo, no es algo nuevo, el ser humano se ha adaptado siempre para sobrevivir y aprender en coherencia con su entorno, y lo que cambia hoy es la velocidad con que eso ocurre.

¿Qué desafíos vemos a diario en organizaciones que asocio a estos fenómenos de cambio?:

Estrategias de negocio que rompan paradigmas

Hace unas décadas era frecuente dar mucho valor a las ventajas competitivas de cada organización, a lo que la diferenciaba porque lo sabía hacer muy bien y esto duraba mucho tiempo, se podía incluso hacer carrera ejecutiva de toda una vida. Hoy todo está a la mano, la información, la nueva creación de conocimiento, el mundo digital y la conectividad dieron velocidad cercana a las transacciones, podemos comprar directo desde el computador a china y recibir en casa. Esto ha cambiado las reglas del juego, invitando a aprender a crear nuevas formas, a no pensar más de lo mismo y a no sentirme expertamente equipado para un mundo que ya pasó, las nuevas estrategias piden pensar en red, de forma global, siendo hábiles escuchadores de los movimientos sociales de nuestros grupos de interés, saber entender que les importa y que les pasa, para desde ahí tejer nuevas formas que son disruptivas cada vez con lo que hacíamos ayer.

Pasar de las estructuras a los flujos:

Estos fenómenos nos invitan de forma imperativa a ser flexibles, rápidos y movernos cohesionadamente, para ello, las estructuras piramidales de muchos niveles y jerarquía parecen estar crujiendo, creadas en la era industrial para fragmentar el trabajo replicable, hoy, en un escenario en donde necesitamos movernos a algo distinto cada vez, hace sentido crear flujos de comunicación y procesos con altos niveles de conectividad, más cercanos a las redes neuronales o digitales, que a una pirámide.

Liderazgos basados en la plasticidad:

Hace unos años conversaba con una directora de una gran consultora multinacional en Santiago, previo a un programa de desarrollo de talentos y me decía: “no entiendo que piensan estos jóvenes, no valoran la estabilidad y la opción que les damos de hacer carrera”, ante la alta rotación de talentos. Esta conversación muestra a mi juicio precisamente la plasticidad que cada líder requiere tener hoy para saber adaptar su liderazgo de forma eficaz a cada tipo de persona o momento que lidera, de forma situacional, poder entender y escuchar a las diversas áreas con que interactúa desde sus aristas particulares, a distintos equipos, personalidades y colaboradores, ¿Podría resultar abrumador?, depende, de si considero que mi foco como líder es mayormente técnico y/o adaptativo, desde mi perspectiva, a mayor nivel de responsabilidad, mayor es el peso de las habilidades adaptativas, lo técnico ya viene incorporado.

Acá en el sur, me ha sido habitual escuchar la dificultad para conseguir talentos profesionales que vengan a la zona, y creo que, si antes cada uno postulaba a una empresa, hoy la necesidad de la empresa de ser oferta para quienes buscan trabajo, resulta es clave. Líderes que sepan sacar partido a la diversidad, responder a situaciones sabiendo que su equipo puede ser el que lidera, que sepan empoderar y desarrollar los dones de sus equipos, que sirven a que su gente brille, y no al revés, esos líderes son multiplicadores dentro de su organización, son los que dan sostenibilidad y que pueden servir a encontrar las nuevas respuestas permanentemente. Esto crea cultura y desarrolla el talento.

Equipos autodirigidos que se basan en la inteligencia colectiva

En la era industrial en que la fragmentación era el centro del negocio, hacerlo bien e igual repetidas veces era central, y por ello, un líder que tenía interacciones uno a uno con su gente, servía perfectamente, cumpliendo él el rol de integrar en coherencia las partes. Hoy, al tener una necesidad de mayor rapidez y encuentro permanente con desafíos que son nuevos, en donde los equipos demandan tener sentido y contexto, amerita que el líder aprenda a responder a los desafíos convocando la inteligencia colectiva, en donde todos aportan colaborativamente a generar respuestas conjuntas ante los desafíos centrales… en donde la inteligencia mayor es la del equipo y no se reduce a la de un líder que dice que hacer. En donde cada uno puede liderar, donde no se detiene al equipo al no estar el líder, donde encuentran un equilibrio dinámico que les permite seguir adelante más allá de los nombres propios.

Culturas que aprenden a aprender con sentido

Viendo la cultura como “una forma de ser que la organización elije”, resulta clave en esta “personalidad organizacional”, construir hábitos laborales que más que replicar lo que ya hacemos o ejecutar nuestros procesos permanentes, sepan adicionalmente estar buscando ejercer liderazgo, ir al encuentro de las nuevas preguntas y necesidades de aprendizaje, esto, esencialmente nos pone ante la gran oportunidad de “aprender a aprender”, es decir, no a saber ser bueno en las repuestas que conocemos, sino en ser expertos en tener procesos internos que nos dan la tranquilidad de que sea cual sea el escenario que enfrentemos, sabemos hacer el camino que nos permitirá encontrar la ruta que sirve. Esto se basa también en una comprometida y seria elección valórica, que sustenta un “desde donde relacionarnos” que funda la cultura, al mismo tiempo que propósitos trascendentes que nos guían desde el sentido de aporte mayor de lo que hacemos hacia otros, para el mundo, para construir sociedad.

Creo profundamente en que la sociedades evolucionan, aprenden y se construyen en gran medida desde la coherencia con que generamos y habitamos nuestras organizaciones (desde la familia, pasando por las empresas y hasta el estado), para ello esta reflexión y conversación me mueve de forma importante, pues podemos y tenemos la gran responsabilidad de elegir a cada instante que mundo queremos construir, que presente habitamos y que queremos regalar como futuro a las generaciones que vienen… tengo dos hijos Nicolás Antú de 7 y Jesús Ignacio de 4, me importa el mundo en el que crecen y esta es una forma de poner mi profesión al servicio de ellos, de sus mundos y de los mundos de todos los niños… para que ese 65% de empleos que aún no existen, puedan caer en terreno fértil.

Desde Rito, nos apasionamos con generar métodos profesionales, claros y efectivos para que las organizaciones se atrevan a atravesar las preguntas nuevas, pudiendo protagonizar los mundos que vienen!.

Por: | 2018-06-14T12:17:41+00:00 Fecha: 1 mayo, 2018|Categorías: Artículos|